Regreso al Futuro: Análisis

Parecía que Telltale Games, después de sus últimos éxitos con las franquicias de LucasArts, había decidido probar suerte apostando por un estilo un poco menos “cartoon” y algo más adulto, o esas fueron sus palabras cuando se anunciaron los próximos lanzamientos de dos aventuras gráficas basadas en licencias cinematográficas: Jurassic Park y este Regreso al Futuro. Pero también parece que tantos años animando y dando vida a personajes más propios de los dibujos animados y el 3D de Pixar que de carne y hueso le han pasado factura, y Regreso al Futuro tiene más de Sam & Max como videojuego que de la propia Regreso al Futuro como película.

Tampoco es que dé mucho tiempo a averiguarlo, en lo poco que dura este primer capítulo titulado “It’s About Time”, si encima le sumamos la poca cantidad de personajes que veremos a lo largo de todo el episodio. Una vez que hayamos viajado en el tiempo, concretamente al pasado, a la época del abuelo de Mary McFly, notaremos un Hill Valley totalmente desprovisto de vida, casi como un sueño donde solamente existen las personas que son importantes para los acontecimientos.

Claro está, en lo que más preocupado se nota a TellTale Games a lo largo de la aventura es en captar ese espíritu, esa esencia de las películas. El mítico encuentro por primera vez en la cafetería/taberna/restaurante futurista con el Tunnen de rigor, reconocer un personaje en distintas épocas, las locas frases de Doc… todo ello está ahí, pero no puede evitar que, al pasarlo por el diccionario de “franquicia de éxito-aventura gráfica” se hayan olvidado bastantes detalles por el camino. Eso sí, en ocasiones han clavado momentos gloriosos, como cuando tendremos que convencer al joven Doc para que nos ayude en la construcción de un taladro. Mientras este no para de moverse por todo el escenario, la conversación se da lugar fluida y variada, casi haciéndonos soñar con lo que sería una aventura en tiempo real.

Entre los detalles olvidados, respetar el canon de aventura gráfica, de videojuego, más que el de licencia y no haber tomado decisiones propias. Nada parece querer salirse de contexto, y eso da en ocasiones unos puzles bastante ingeniosos y otras muchas veces un desarrollo lineal y bastante descabellado. Pero, sin duda, en lo que TellTale más deberá viajar al pasado para corregir errores es en los escenarios, poco abundantes y muy vacíos, que no logra transportar el espíritu de ninguna época. El sonido es el encargado aquí de salvar el día, gracias a la banda sonora característica y a las interpretaciones de Christopher Lloyd (de vuelta a los videojuegos después de ese loco experimento llamado Toonstruck) y el doblador de Marty McFly, un tal A. J. Locascio que clava la voz de Michael J. Fox y sobre todo su timbre pseudoadolescente y preocupado.

En un primer momento, el sistema implementado puede parecer digno de una mala adaptación de consola a PC, cuando uno se da cuenta que tiene que manejar a Marty con las teclas WASD, pero a lo World of Warcraft, cuando te das cuenta de que puedes hacerlo todo con el ratón y funciona, notas que TellTale ha implementado un sistema cuasiperfecto. Funciona genial en ocasiones en las que necesitas desvincularte del movimiento del personaje para apuntar a algo sin tener que acercarte y tienes la sensación a la vez de controlar a tu personaje sin decirle a golpe de click donde quieres que vaya como si el jugador fuera un ente invisible.

No vamos a decir que el juego no es ingenioso. En papel, podría pasar perfectamente por una nueva secuela de la trilogía (no sabemos si de la calidad de Indy IV), que mantiene en todo momento el interés del jugador. Y es que, paradójicamente, uno puede ver en Regreso al Futuro un juego técnicamente corriente y, sin embargo, lo más probable es que, con un poco de amor a la saga, no lo abandone hasta el final. Tiene momentos memorables, como el rescate de Doc o la discusión de un Emmett Brown con su padre como clave para resolver un puzle. Algo que parecía faltarle a las temporadas de Sam & Max o Tales of Monkey Island donde todo parecía estar menos hilado, pero podía permitírselo perfectamente.

Como episodio que es, el juego acaba pronto, abruptamente y con esa sensación de que te han mantenido algo ocupado en tareas que no tenían mucho sentido, pero una vez concluido, cuando tu cerebro se ocupa de rellenar todos esos gráficos monótonos, los escenarios vacíos y el poco dinamismo a la hora de realizar las acciones y puzles, te queda el recuerdo de una historia divertida, concienzuda a base de embadurnarse de todo el material provisto por Universal, y se te queda una sonrisa en la cara y esa musiquilla que no puedes quitarte de la cabeza, taaa-tararara-taaa-taaaa, y su correspondiente To Be Continued…

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